Si la futura madre ingiere medicamentos ototóxicos o contrae enfermedades como rubéola, toxoplasmosis o gripe, el bebé puede sufrir sordera. En el parto, el sufrimiento fetal o la prematuridad son factores de riesgo, también los partos difíciles y prolongados predisponen al niño a la sordera. Y después del nacimiento, patologías como otitis, paperas, sarampión o meningitis pueden dañar el oído, sin olvidar de algunos medicamentos.
Cuando la sordera es detectable
Aunque algunos especialistas afirmen que la sordera es más fácilmente detectable sólo a partir de los 2 o 3 años, pueden existir casos en que la sordera infantil pueda ser diagnosticada a los pocos días de vida del bebé. Eso sería posible mediante una prueba que se denomina otoemisones acústicas. Consiste en obtener mediante un aparato que emite un sonido que hace que se produzca una especie de eco que es analizado y valorado para dar una respuesta positiva o negativa a la prueba. Lo difícil es mantener al bebé calmado para la prueba, ya que cualquier ruido exterior imposibilita su realización.
Un diagnostico seguro y preciso
Considerando que la sordera infantil puede comprometer seriamente al desarrollo emocional, cognitivo y social del niño, es importante que su diagnostico sea realizado lo más temprano posible, para que el trabajo de estimulación de la comunicación entre el bebé y sus padres empiece antes y tenga un rápido efecto. Un diagnóstico precoz de la hipoacusia permite iniciar su tratamiento antes de los 6 meses, evitando así alteraciones del lenguaje y favoreciendo al desarrollo neuropsicológico del niño.
Un diagnostico precoz de la audición se hace a través de un examen audiométrico, especialmente cuando existen sospechas en situaciones como: nacimiento de alto riesgo, casos de sordera hereditaria, matrimonio entre personas de una misma familia (consanguinidad), embarazo acompañado de rubéola, y casos de meningitis después del nacimiento. Un audiólogo es el especialista que se encargará del diagnostico, y de presentar una solución al problema.
La sordera infantil o hipoacusia es actualmente un problema que puede evitarse en la mayoría de los casos gracias a los avances de la tecnología y de la medicina. La clave reside en un diagnóstico rápido. Un diagnóstico precoz de la sordera infantil es fundamental para una buena rehabilitación. Según la Organización Mundial de la Salud, la incidencia de sorderas entre moderadas y profundas se cifra en una por cada mil recién nacidos

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